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GUÍA PARA PADRES: PREVENCIÓN DE MORDEDURAS CANINAS EN NIÑOS

22/08/2026

GUÍA PARA PADRES: PREVENCIÓN DE MORDEDURAS CANINAS EN NIÑOS

En el Día Internacional del Perro (21/07), el Center for Canine Behavior Studies (Connecticut, EE.UU.) y DogFam Educación Canina (Paysandú, Uruguay)-- ofrecen una guía para la prevención de lesiones en niños por morde-duras caninas mediante la educación, la concientización y la intervención consistente de los padres.

COMPRENDER EL RIESGO

El desarrollo infantil es un factor clave para comprender el riesgo de mordeduras caninas. Los niños menores de cinco años presentan el mayor riesgo de sufrir lesiones graves debido a características propias de esta etapa, como el control limitado de impulsos, la curiosidad, la escasa comprensión de las consecuencias y la tendencia al contacto físico cercano. Estas conductas aumentan la probabilidad de generar respuestas defensivas en los perros.

Además, los niños pequeños tienen dificultades para reconocer e interpretar el lenguaje corporal canino, por lo que las señales de incomodidad o advertencia suelen pasar inadvertidas o ser malinterpretadas. Su estatura también influye en el tipo de lesiones, ya que son más frecuentes en la cabeza, la cara y el cuello.

La familiaridad con el perro no elimina el riesgo; muchas mordeduras involucran mas-cotas conocidas por el niño. Las experiencias positivas previas pueden generar una falsa sensación de seguridad y favorecer una mayor exposición. Asimismo, las limitaciones del desarrollo dificultan que los niños apliquen de manera constante las normas de seguridad, incluso cuando las conocen. Por ello, la supervisión adulta y el manejo del

entorno constituyen las principales estrategias de prevención. La educación debe adaptarse a las capacidades del niño, ser sencilla, repetitiva y contar siempre con el acompañamiento de un adulto.

ATENTOS AL COMPORTAMIENTO DEL PERRO

Comprender el comportamiento canino es fundamental para prevenir incidentes. La mordedura forma parte de un proceso de comunicación influido por la genética, el entorno y la experiencia del perro. La agresión suele estar asociada a emociones como miedo, ansiedad o frustración, vinculadas también a procesos neuroquímicos relacionados con el control de impulsos y la respuesta al estrés.

Los perros expresan incomodidad mediante señales generalmente sutiles, como apartar la cabeza, evitar la mirada, lamerse los belfos, bostezar o mostrar rigidez corporal. Estas señales forman parte de una progresión que suele avanzar desde la evitación y la tensión hasta las advertencias y, finalmente, la mordedura. Muchas veces las personas no perciben estas señales o las interpretan incorrectamente, lo que genera la impresión de que la mordedura ocurrió sin aviso.

El contexto influye de manera decisiva en el comporta-miento canino. La protección de recursos, la restricción física, el dolor, la enfermedad o los sobresaltos aumentan la probabilidad de respuestas defensivas. Los perros reaccionan ante amenazas percibidas y no necesariamente ante peligros reales; por ello, acciones habituales de los niños, como abrazar, trepar o realizar movimientos bruscos, pueden resultar amenazantes para el animal. La prevención depende de comprender esta percepción y adaptar la conducta humana para reducir situaciones que puedan des-encadenar respuestas defensivas.

Ver nota completa en: https://www.eltelegrafo.com/2026/08/incrementar-la-prevencion-para-evitar-que-se-repitan-casos-de-mordeduras-caninas-en-ninos/

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